Turquía muestra cautela con Siria tras el derribo del avión ( El País)

Blanca López Arangüena- Estambul

Ankara intenta solucionar la crisis desencadenada el viernes por la mañana cuando el Ejercito sirio derribó un avión turco que sobrevolaba la frontera sur de Turquía. En menos de 24 horas, el Ejecutivo turco ha convocado tres reuniones de urgencia. La primera el viernes, que reunió la plana mayor del Gobierno y en la que el Ejecutivo confirmó que el avión había sido derribado por efectivos sirios y prometió una respuesta. La segunda, el sábado por la mañana, entre el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, y los representantes del Ejército. Y ayer, otra, de la que se espera se anuncien las medidas que el Ejecutivo turco tomará.

Turquía ha sido firme pero cauta en sus declaraciones. A cuentagotas, los representantes del Ejecutivo han difundido los detalles del incidente. El viceprimer ministro, Bulent Arinc, informó ayer a la televisión estatal TRT de que el avión derribado por Siria no era de combate, sino una aparato de reconocimiento.

El presidente del país, Abdullah Gül, admitió que el avión turco podría haber vulnerado el espacio aéreo sirio. “A veces puede ocurrir que los aviones militares, con la velocidad a la que vuelan, especialmente sobre el mar, traspasen las fronteras”, explicó Gül a la agencia de noticias Anadolu. “Es algo frecuente; en el Egeo y el mar Negro es una simple rutina. Ocurre sin mala intención”, añadió Gül, que explicó que las autoridades turcas investigan en estos momentos “si lo que ocurrió tuvo lugar sobre aguas territoriales turcas o no”. Gül aseguró que ambos Gobiernos están en contacto constante a pesar de la ausencia de un embajador turco en Siria —Turquía cerró su embajada en marzo, en protesta por la represión de Bachar el Asad— para buscar una solución a la crisis.

Siria parece intentar evitar una escalada de tensión a toda costa. En la madrugada del viernes su Ejército publicó un comunicado en el que explicaba la actuación: “Nuestras defensas aéreas hicieron frente a un objetivo que penetró en nuestro espacio aéreo sobre nuestras aguas territoriales a primera hora de la tarde del viernes, y lo derribaron. Resultó ser un avión militar turco”, explicaba el comunicado. Siria sigue escudándose en que se trató de “un error” y declaró, a través de un portavoz del Ministerio de Exteriores, que no tiene “ninguna intención hostil contra Turquía” según recogió la televisión libanesa LBC. Además, un exoficial del Ejército sirio aseguró a la agencia DPA que las tropas que derribaron el avión pensaban que se trataba de otro piloto sirio que intentaba desertar, en alusión a la deserción el jueves de un piloto sirio que escapó de Jordania, donde recibió asilo político.

Sin embargo, tanto Gül como el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, han prometido represalias aunque no especificaron si de tipo diplomático o militar. “No es posible tapar una cosa así; lo que tenga que hacerse se hará” dijo Gül. El ministro de Trabajo turco, Faruk Celik, añadió que incluso si el espacio aéreo de Siria había sido violado la repuesta era “inaceptable”, recoge AP.

Mientras la búsqueda de los dos pilotos y el avión prosiguen en la costa mediterránea, cerca de la provincia siria de Latakia, la preocupación crece en la región ante la perspectiva de una escalada de tensión. El ministro de Exteriores iraquí, Hoshiyar Zebari, hizo público su nerviosismo en una rueda de prensa en Bagdad: “El derribo de un avión turco en aguas sirias es una escalada seria y una indicación de que el conflicto podría tener un gran impacto más allá de Siria”, informa Reuters.

Turquía, como miembro de la OTAN, podría invocar el artículo 5 de la Carta en virtud del cual el ataque a un país miembro se considera un ataque al resto. Esto le daría la legitimidad para llevar a cabo la incursión armada necesaria para establecer un corredor humanitario del que Ankara es partidaria.

Turquía, uno de los países más críticos con el régimen de Damasco, ha declarado en numerosas ocasiones que no actuará sin el respaldo de la ONU. A lo largo de los 16 meses del conflicto, ha acogido a 35.000 refugiados sirios, además de a varios generales desertores y a miembros del Consejo Nacional Sirio. Sin embargo, la forma cauta con la que el Gobierno turco se comporta ahora parece indicar que Ankara intenta buscar otra salida al contencioso. Un enfrentamiento, como apuntan hoy los editoriales de los diarios turcos, no beneficiaria a ninguno de los dos países.

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Ankara anuncia represalias después de que Siria derribara un avión turco (EL País)

Blanca López Arangüena- Estambul

El Ejército sirio ha derribado este viernes un avión de combate turco F-4 que supuestamente sobrevolaba la ciudad costera de Latakia. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ha celebrado una reunión de urgencia con la plana mayor de su Gobierno. Tras el cónclave, que ha durado dos horas y diez minutos, han anunciado represalias sin dar más detalles: “Según la información que viene de nuestras instituciones y como resultado de los datos obtenidos por el trabajo de rescate que se hace de forma conjunta con Siria, se deduce que el avión fue derribado por Siria. Cuando el incidente haya sido aclarado del todo, se tomarán las medidas adecuadas”.

Al encuentro estaban convocados los ministros de Interior, Defensa, el jefe del Departamento Nacional de Inteligencia (MIT) y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

La televisión turca NTV ha informado de que Siria ha declarado oficialmente que derribó el avión turco porque sobrevolaba sus aguas a baja altura y que solo se dieron cuenta de que era turco tras abatirlo.

El caza, según han confirmado fuentes turcas, perdió contacto a las 11.30 horas y poco después un canal de televisión sirio confirmaba el ataque y el posterior derribo del aparato.

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan que acaba de regresar de Brasil, adonde acudió a la cumbre mediaombiental Río+20 de Naciones Unidas, ha confirmado por la tarde en una rueda de prensa que los pilotos se encontraban bien. También ha asegurado que las tareas de búsqueda del aparato continúan en el Mediterráneo.

Erdogan, con aire cansado y sin mencionar lo ocurrido, ha dicho entonces que no estaba al corriente de los detalles del incidente. Evitó confirmar que se tratara de un ataque: “No puedo decir que el avión haya sido derribado”. Erdogan tampoco ha confirmado que Siria hubiera pedido disculpas, como habían afirmados algunos medios turcos, y ha prometido aclarar el incidente con Damasco.

Las informaciones son todavía confusas. Se desconoce el motivo por el que el caza sobrevolaba la frontera sur de Turquía con Siria en la provincia de Hatay. Se especula que se trataba de una misión de reconocimiento o de entrenamiento, pero no hay nada confirmado todavía. Asimismo, no están claras las causas del incidente ni el lugar exacto en el que se produjo. Según el canal turco NTV, el avión se habría precipitado a las aguas territoriales sirias tras ser derribado y en ningún momento violó el espacio aéreo sirio.

Pero ahora, más que los detalles, lo que preocupa a los turcos es la reacción de su Gobierno. Si se confirma que el avión nunca violó el espacio aéreo sirio, el incidente podría ser considerado como de extrema gravedad. Esto explicaría la precaución del primer ministro a la hora de abordar el asunto. Turquía ha repetido en numerosas ocasiones que no apoyará una incursión armada en Siria sin el respaldo de Naciones Unidas. Sin embargo, si decidiera mover ficha, esta podría ser una buena oportunidad, ya que según el artículo 5 de la Carta de la OTAN, el ataque a un país miembro se considera como un ataque al resto.

Hasta el día de hoy el Ejecutivo turco no ha querido jugar esta carta, incluso en los momentos más tirantes del conflicto, como por ejemplo el ataque del pasado abril a un campo de refugiados en Turquía. En ese momento se barajó la idea de una respuesta contundente por parte del ejecutivo turco,uno de los principales críticos con el régimen de Damasco. Sin embargo, a pesar de las amenazas y el deterioro de las relaciones entre estos antiguos socios -Turquía ha acogido en su territorio a más de 32.000 refugiados sirios que huyen de la represión-, el incidente no pasó a mayores.

Mientras se espera una decisión, la prensa turca se hace eco de las palabras de su primer ministro en Río de Janeiro: “Cuando la pobreza, la injusticia, y el terrorismo de los Estados se dirige hacia los oprimidos, nadie puede darse el lujo de dar la espalda a los oprimidos y permanecer indiferente y silencioso”. Exactamente lo que ocurre en el país vecino.

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La Fura lleva al Cuerno de Oro su ‘Istanbul Istanbul’

 

Blanca López Arangüena- Estambul

El tulipán, una flor cargada de simbología, ha inspirado el nuevo espectáculo de la Fura dels Baus, Istanbul Istanbul, que hoy jueves se estrena en esta ciudad. El tulipán, símbolo de la ciudad de los sultanes, fue también el causante de “la primera burbuja especulativa del ser humano”, explicó el director artístico de la compañía, Alex Ollé, durante la presentación el pasado lunes. “Los bulbos de tulipán se traían baratísimos desde Turquía y luego se vendían a precios astronómicos en Holanda, hasta que la burbuja explotó” (se llegó a vender un bulbo a 6.000 florines, es decir, el valor de 30 cerdos). La alegoría no puede ser más adecuada para los tiempos modernos, que es lo que busca la Fura con sus obras. “El lenguaje de La Fura es el lenguaje del hombre moderno a través de una escenografía sencilla pero con mucha fuerza”, afirma Carles Padrissa, director artístico de la compañía.

El espectáculo Istambul, Istanbul recoge otros elementos típicos de La Fura: la gigante Cibeles, que nació en Turquía e interpretará los poemas del escritor Orhal Veli. Una red humana suspendida a 60 metros de altura nos recuerda que la humanidad forma un todo; el caballo Pegaso, que volará por encima del Bósforo, y una bola gigante de hierro que se eleva como pompa de jabón por los cables de acero de tres enormes grúas de carga. Todo sazonado con especies fureras: luces, música, danza, efectos especiales y la participación de actores locales.

A pocas horas de la presentación, el equipo técnico no paraba de hacer advertencias y dar consejos a los actores. “People, everything Taman?”, grita un técnico de seguridad a una docena de actores turcos que subidos a la bola gigante intentan contorsionarse mientras luchan contra el viento del muelle y el miedo a la altura. La seguridad está calculada al milímetro, sin embargo, explican miembros del equipo técnico, “es difícil entrenarlos en menos de una semana para que suban a 60 metros de altura”. “Hay muchos que nunca han hecho escalada pero están llenos de entusiasmo. Turquía nos ha sorprendido gratamente por sus profesionales”, explica Padrissa.

Es la segunda vez que La Fura actúa en la capital turca. La ciudad de los sultanes recibió a la compañía catalana en 1998 con su Fausto 3.0.Desde entonces han intentado volver y la ocasión llegó con el 40º aniversario del Festival Internacional de Teatro de Estambul, que organiza la fundación cultural turca IKSV. “Habíamos presentado un proyecto para Estambul Capital Cultural 2010, pero no funcionó. Entonces esta fundación nos propuso este proyecto”, explica Ollé. “Comenzamos a preparar el guion en Barcelona. Hemos hecho varios viajes para buscar voluntarios turcos, un equipo técnico y sobre todo el enclave”.

Astilleros de 1455

El escenario del espectáculo son unos astilleros fundados en 1455, dos años después de la caída de Constantinopla, que cubre un área de 70.000 metros cuadrados. Además, el montaje contará con un testigo de excepción: el Mavi Mármara. La nave de la flotilla de la libertad en la que murieron nueve turcos cuando intentaban romper el bloqueo de Gaza está atracada en una de las dársenas del muelle, a poco metros del escenario.

Los organizadores calculan que unas 10.000 personas podrán ver el espectáculo desde los astilleros. Pero además el show se podrá contemplar desde otros puntos de la ciudad, como por ejemplo la otra orilla del Cuerno de Oro. “Con cada montaje intentamos hacer algo nuevo. Pero en el caso de Istanbul Istanbulhemos querido crear algo específico para ciudad”, aseguró Padrissa.

Istanbul Istanbul tendrá solo dos representaciones en la que participan 80 bailarines turcos y unos 40 técnicos. Pero no se trata de un espectáculo efímero, defiende Ollé. “Con cada actuación la compañía evoluciona, aprendemos cosas y vamos incorporando elementos”. De Estambul se llevarán los tulipanes, que a partir de ahora se unirán al lenguaje de La Fura como un bello recordatorio de la codicia o de la estupidez humana.


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Un partido kurdo pide al PKK el fin de la violencia tras un ataque al Ejército turco ( El País)

 

Blanca López Arangüena

“Esta guerra tiene que terminar. No podemos dejar que nuestra juventud se mate entre sí. Por el amor de Dios, debemos hacer algo para acabar con esta lucha” Con estas palabras, el líder del mayor partido kurdo de Turquía, el Partido de la Paz y la Democracia (BDP) pedía a la guerrilla kurda el cese de la violencia. Selahattin Dermitas hacía estas declaraciones horas después de que una emboscada de la guerrilla kurda PKK acabara con la vida de ocho soldados e hiriera de gravedad a 16 en la provincia sureña de Hakkari.

El ataque se produjo de madrugada y en él murieron también diez guerrilleros. Según el diario turco Hurriyet los guerrilleros se infiltraron desde Irak y atacaron a los uniformados. Hakkari, una provincia poblada de mayoría kurda, lleva años sufriendo los combates entre el PKK y el ejercito turco. Los montes de Daglica, que hacen de frontera natural con el kurdistán Iraki, son uno de los bastiones del grupo guerrillero y desde donde el pasado octubre lanzaron uno de los ataques más mortíferos de la historia, con 26 soldados muertos

El ataque de hoy podría registrarse dentro de los picos de actividad de esta guerra no declarada. Sin embargo, las reacciones por parte de los políticos kurdos dan una relevancia especial a la masacre. Es la primera vez que el BDP–una especie de Batasuna turco– pide abiertamente al PKK el cese de la violencia. En su alocución Dermitas también hizo al ejercito turco corresponsable de una guerra que comenzó en 1984 y que ha dejado más de 45.000 muertos, e instó a los uniformados a abandonar las operaciones contra la guerrilla. La pregunta es quién dará ahora el primer paso.

Entre los kurdos, sobretodos aquellos que viven en las grandes ciudades como Estambul o Ankara, empiezan ha aparecer voces que condenan abiertamente la violencia. La segunda generación de kurdos urbanitas, muchos de ellos convertidos en clase media gracias al trabajo de sus padres, ya no se identifican con sus familiares del sudeste, ni ven el las montañas las utopia de la libertad que mueve al guerrillero. Un ejemplo de ello es la iniciativa que cuatro activistas kurdos pusieron en marcha el verano pasado: “Guerrillero no mates, no mueras por mi”, una web en la que se recogen firmas por el fin de la violencia.

En el sudeste de Turquía, donde la mayor parte de la población es de etnia kurda, la situación es muy distinta. Muchos han perdido a familiares y amigos, bien porque han subido a las montañas a pelear o en atentados dentro de los núcleo urbanos y carreteras. Muchas son las familias cuyos hijos han ido a la cárcel por tirar piedras o cantar sloganes en las manifestaciones. Y es que la ley antiterrorista turca, una de las más duras del planeta que hace que Turquía tenga en sus cárceles a 1/3 del total de terroristas del mundo, no ayuda a la reconciliación de turcos y kurdos.

Por su parte el Primer Ministro Turco, Recep Tayyip Erdogan, dijo desde México, ha donde se ha desplazado para la cumbre del G20 que “El PKK debe abandonar las armas”. “ Acabaremos con esto tarde o temprano. La fuerzas de seguridad dejaran sus operaciones cuando el PKK abandone las armas” anunció Erdogan quien negó la posibilidad de una negociación: “Nadie puede convertir al terrorismo en un asunto negociable”.

La noticia del ataque llega en un momento en el que el gobierno intenta conseguir el favor de la población kurda a través del políticas culturales. Erdogan anunciaba la semana la introducción de clases optativas de kurdo en los institutos públicos para el nuevo curso escolar. El AKP, partido que lidera Erdogan, subió al poder hace diez años con un plan aperturista para los 12 millones de kurdos que viven en Turquía. Si bien ha llevado a cabo muchas reformas, como la creación de un canal de televisión en kurdo, las líneas rojas del conflicto, es decir, una mayor independencia para el sudeste kurdo, siguen siendo un asunto no negociable.

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Hamam, la historia oculta del Imperio Otomano (El Pais Semanal)

 

Blanca López Arangüena (texto)

 

Mientras Europa disimulaba la suciedad bajo perfumes y polvos blancos, Oriente Medio imponía una estricto hábito de limpieza y lo imprimía en su libro Sagrado; El Corán. Países como Turquía, construían fabulosos complejos dedicados al aseo que pronto se convirtieron en los lugares más íntimos del Imperio Otomano. Relaciones extra matrimoniales, homosexuales, y búsqueda de esposas, quedaban ocultas bajo los vapores del hamam. El País Semanal entra en los baños dedicados a la mujer más poderosa del Imperio Otomano, la sultana Hürrem, convertidos ahora en un hamam de lujo.

 A Alejandra sólo la quiso un hombre; pero no un hombre cualquiera. Su amante fue el sultán más grandioso que el Imperio Otomano vería y al que los reyes europeos llamaban, con envida: Süleyman “El Magnífico”. Alejandra, hija de un predicador ucraniano, llegó joven al palacio de Topkapi. Cuentan que aprendió rápidamente a desenvolverse en su nuevo hogar recargado de aromas, sensualidad y luchas intestinas de poder. Sus generosas formas y largos cabellos pelirrojos la ayudaron a destacar entre las 300 concubinas del harén. Su inteligencia la aupó al serrallo privado del sultán, que acabó gobernando con puño de hierro. No fue la única mujer de Suleyman “El Magnífico”, pero sí la única cuyo nombre no quiso dejar morir dentro del palacio. Por eso, cuando la salud de la bella empezó a flaquear, su amado ordenó construir un edificio que estuviera a la altura de sus encantos: Un hamam

El sultán mandó erigir el complejo de baños en el centro de poder del Imperio, enfrente a la mezquita de Santa Sofía. Su construcción quedó en manos del arquitecto de la corte. Mimar Sinan, como se le conoce en Turquía, se dispuso a realizar sus mejores baños. Sabía que este Hamam, a donde los fieles irían a lavarse antes del rezo, se convertiría en la antesala de Santa Sofía – en aquel entonces la mayor mezquita del Imperio-. Tardó seis años en levantar sus paredes de mármol blanco, sus cuatro cúpulas suspendidas a una altura inimaginable en un hamam, e idear un sistema de calefacción capaz de calentar sus 3.000 metros. Su riqueza ilustra la influencia que Alejandra, para entonces convertida en la sultana Hürrem, ejercía sobre el mandatario y que le valió su fama de bruja dentro del Imperio. Europa, fascinada por el trágico sino esta joven cristiana vendida a los sarracenos, le buscó un nombre más condescendiente: Roxelana, “la virgen de Rutenia”.


En 1556 los primeros clientes pudieron atravesar la columnata de mármol que todavía preside la entrada de la zona de hombres. Para las mujeres, se reservó una discreta puerta trasera, por donde podían deslizarse sin ser vistas. Algunos románticos afirman que la entrada, a la que se accede por unas escaleras de mármol, es una alegoría del amor oculto que el arquitecto sentía por la hija de la Sultana, la princesa Miryam. 500 años después, estas leyendas todavía se esconden entre los muros del edificio, que abrió sus puertas este verano tras cuatro años de restauración, convertido en el hamam más exclusivo de Estambul.

Por aquí no puede entrar señora, es la zona masculina del hamam. Si espera un poco llegará mi compañera para guiarla a la zona de mujeres” explica uno de los empleados en perfecto inglés . La pareja de italianos parece un poco contrariada de no poder tomar un baño juntos. En su mochila, junto con la guía de Estambul iban sus trajes de baños, necesarios en los pocos baños mixtos de la ciudad. Sin embargo un hamam tradicional separa a hombres y mujeres por horarios por zonas. Es el principio básico de la intimidad que ha convertido a estos baños en objeto de fascinación para muchos europeos. Algo que se comprende nada más entrar en los vestuarios. Los tres pisos de madera que suben hasta la base de la bóveda lateral del edificio, son la sala de belleza posterior al baño. Allí las mujeres se relajan y conversan o bien completan la visita al hamam con un masaje, una manicura o, en el caso de los hombres, una afeitada. Pero el vestuario es sobre todo, la antesala de un universo de vapores para el que se requiere etiqueta. Un pestemal de seda para el cuerpo y una natir, o limpiadora, para que nos guíe a lo largo del recorrido.

Cierra los ojos. Apoya la espalda sobre el mármol, sólo siente el agua que cae por tu cabeza y tu piel que respira”. Una gota de sudor resbala por el cuello y se detiene en el borde la seda violeta que cubre el cuerpo desnudo. “Recuesta la cabeza y cierra los ojos. Por fin estás relajada”. Estambul parece irreal bajo las cúpulas del hamam, mientras que la natir deja caer agua suavemente sobre el cuerpo de su clienta. Huele a olivos y se escucha el borboteo de las fuentes de mármol y oro. Cuando el primer agua toca los cabellos, el ruido de las bocinas de los coches y las carreras desaparecen. Con la segunda, se esfuman los vendedores del bazar, el calor sofocante del verano turco. Cuando la seda que cubre el cuerpo está totalmente húmeda, la mente está en blanco. Solo entonce la clienta está lista para tumbarse en el mármol caliente.

La clienta de Bahar, la limpiadora más veterana del Hamam, llegó de su mano. Al entrar por la puerta que separa los vestuarios del área caliente parecía incómoda con tan solo un lienzo cubriéndole el cuerpo. Sin embargo, pronto el lienzo desaparecerá y se quedará desnuda para que Bahar use sus manos. Comenzó a entrenarlas a los 17 años en un hamam de barrio. Allí, aprendió a lavar la piel, depilarla y también canciones tristes para las ceremonias especiales. “Como quería casarme tenia que aprender rápido para empezar a tener buenas propinas” explica. Mientras habla, cubre de espuma a su clienta hasta que desaparece bajo una gran burbuja de jabón. “El trabajo es duro” susurra para no opacar el ruido del agua “No es fácil pasar ocho horas a 45 grados”. Sin embargo, su cuerpo envuelto en vapor apenas suda.

La burbuja crece a medida que Bahar restriega el cuerpo de su clienta. La limpieza es a conciencia, no queda un centímetro de piel que no sienta el guante de Bahar que adquiere un color negruzco a medida en que la piel se libera de células muertas. Es el momento más íntimo del baño, cuando uno confía su desnudez a las manos de su natir. La joven de la burbuja, a pesar de los reparos iniciales cierra los ojos y apoya la cabeza sobre el mármol tibio. “La intimidad entre clienta y limpiadora nace desde el momento en que les damos la mano para que entren en la sala caliente. Nos convertimos en la tía que les bañaba cuando eran pequeñas” explica una empleada. La comparación no pude ser más exacta. Apoyada en una de las fuentes laterales, otra natir se esmera a limpiar el cabello a una señora entrada en años. Desnuda y concentrada en retirar el jabón de los los pliegues de su estómago la mujer deja hacer a la natir, que la arrulla con una canción que parece de cuna.

Son las únicas dos clientas del medio día, una de las horas con menos afluencia y sin embargo, en la que el sol salpica el interior a través de los huecos de la cúpula. Las paredes adquieren entonces una tonalidad dorada a medida que el mármol se motea de haces luminosos. La piedra central, donde se abren los poros para el peeling y ahora brillante y solitaria, se llenará de gente a medida que avancen las horas. El tratamiento de limpieza y las altas temperaturas del hamam hace que la tensión disminuya por lo que muchos turcos prefieren acercase a ellos a última hora del día o a inicios de la mañana. Por eso, muchos hamam abren sus puertas tras la primera llamada al rezo y no las cierran hasta las 11 de la noche.

Sentado en la terraza del restaurante anexo a los baños espera Hifzi Moravali, director del Hamam de Hürrem y encargado de la restauración que le ha devuelto a su uso original. La terraza, recuerda a la de un parador y está atestada de turistas que se acercan a husmear la nueva atracción de Sultanahmet. Ordena agua fría y sherbet, una bebida otomana a base de pétalos de flores, para combatir el sofoco de mediodía. Salen del Külhane, donde se preparaba el fuego que calentaba las paredes del hamam y que, gracias al gas natural, Moravali ha podido convertir en cocina. El antiguo sistema de calefacción todavía puede verse en las paredes de la sección masculina. Consistía en tres tubos que discurrían uno encima del otro a lo largo de los muros interiores. Por el tubo inferior circulaba el aire caliente que salía de Külhane y que calentaba el agua del tubo del medio permitiendo que la del caño superior conservara su frescura. “A pesar de que el sistema de calefacción era único en su época, no era demasiado eficaz, por eso a este hamam se le conocían como el Hamam Frío. Así que, cuando en el siglo XX empezó a llegar el agua corriente a las casas, el hamam cerró”, explica Moravali . “Primero se convirtió en un almacén, más tarde en una prisión y finalmente acabó como un museo de alfombras cuyo reclamo rezaba: visite un autentico hamam sin el calor de estos baños” rememora. Finalmente, en 2007 el gobierno turco decidió cederlo, por un periodo de quince años, al mejor postor. El nuevo dueño debería reformarlo y devolverlo a su uso original. Fueron precisos cuatro años de trabajo, y 300 metros cuadrados de mármol blanco para que los interiores recobraran su aspecto de antaño. La reparación alivió el peso de las cúpulas y devolvió a sus paredes la porosidad necesaria para evitar la acumulación de vapor de agua en su interior. Por último, se tuvo que esperar un mes para que los baños alcanzaran los 45 grados reglamentarios.

 
El hamam de Hürrem fue el más bello regalo que un sultán haya hecho a una concubina y posiblemente el más útil. El hamam era en aquel entonces la piedra angular de la rutina turca y en muchos casos, la antesala del rezo. Según el islam, el cuerpo ha de estar limpio antes de rezar, sobretodo si se han mantenido relaciones sexuales. Los turcos consiguieron convertir este precepto religioso en una experiencia placentera, al tiempo los baños pasaron de ser meros anexos de las mezquitas, a increíbles complejos consagrados a la limpieza. “No había precios fijos”, explica el doctor Erhan Afyoncu de la universidad del Mármara, “el cliente pagaba entre 2 a 4 akçe en función de su satisfacción por el servicio”. Gran parte de la recaudación iba a para a las arcas reales, que luego lo reutilizaban para financiar obras piadosas. El resto era para los empleados. Según los libros del famoso viajante Otomano Evliya Celebi, en el siglo XVII existían en Estambul 4.500 baños privados y alrededor de 300 públicos “Se trata de una cifra exagerada, pero da una idea de la importancia que tenían estos edificios en la vida turcos” explica la Asociación de Hamam de Estambul, que estima que el número de baños en la actualidad apenas llega a los 100.

Tradicionalmente, los limpiadores en los hamam de hombres eran adolescentes conocidos con el nombre detellak. Los tellak se reclutaban entre los súbditos de las naciones no musulmanas del Imperio Otomano, como Grecia, Armenia o Bulgaria, por su belleza y habilidad. Entre sus funciones se encontraba la de lavado y masaje pero también la de proporcionar placer sexual a sus clientes. “En aquel entonces era natural para los hombres tener relaciones sexuales con adolescentes. Las mujeres eran necesarias para la reproducción pero eran los jóvenes los preferidos para proporcionar placer. Era algo normal, pero nunca fue una homosexualidad o bisexualidad consciente”. Así lo explican los responsables de la asociación de gays, lesbianas y transexuales de Estambul, Lambda y así lo recogen los registros y poemas de la literatura otomana clásica. En uno de ellos Dellakname-i Dilkusa, se detalla los servicios, precios, y la belleza de los tellaks e incluso se especifica cuantos orgasmos podía proporcionar a un cliente.

Muchos contaban con clientes fijos que llegaban incluso a convertirse en sus amantes, como muestra un registro del siglo XVIII que habla de un jenízaro, osea un soldado de élite del Imperio, que tenía a un tellak como querido. No fue hasta el S. XIX que el Imperio Otomano importó de Europa la palabra “homosexual” y con ello la censura de los encuentros en el hamam. Los jóvenestellaksdieron paso a limpiadores adultos especializados en una forma más prosaica de limpieza. Aun así, el término hamam oğlanıchico de bañose sigue usando en Turquía como un eufemismo de homosexual. “Antiguamente no había puertas en los hamam, ni vestuarios como hay ahora. Los hombres se desvestían y colgaban sus ropas en los percheros y entraban directamente al hamam. Así se intentaba poner trabas a los encuentros sexuales entre hombres” explica Moravali. No le resulta cómodo hablar de lo que ocurría en los baños. Los turcos por lo general, niegan esta parte de su pasado. Sin embargo, en una visita al hamam el cliente puede comprobar como la línea a cruzar es muy delgada.

Pero no solo en el lado de los hombres se suavizaban las estrictas reglas del islam. El hamam fue el lugar más íntimo del Imperio Otomano sobretodo para las mujeres. Sujetas a un estricto código de conducta que les impedía salir a la calle, los baños se convirtieron en la piedra sobre la que giraban muchas de sus tradiciones. A ellos acudían las novias la noche antes de su boda para acicalarse. El lavado de la novia es una ceremonia que todavía se mantiene en las regiones más tradicionales del país. La novia llega al hamam cubierta por un velo bajo el cual debe llorar la pérdida de su familia. Tras las lágrimas, da comienzo la celebración. Suena la música y las amigas bailan alrededor de la joven, le dan de comer frutas y dulces, le pintan las manos con henna y limpian y depilan su cuerpo. Mientras, las mujeres mayores aportan sus consejos sobre la vida conyugal y escrutan el cuerpo desnudo de las muchachas en busca de una esposa para sus hijos.

El hamam también estaba presente en el nacimiento de un bebe. Según una antigua tradición turca casi desaparecida, la madre y su hijo no podían abandonar la casa durante los primeros 40 días de vida del retoño. Acostada en la cama, la madre recibía las visitas y los regalos. Pasada la cuarentena el bebé estaba fuera de peligro y la familia acudía al hamam del barrio para lavar al niño por primera vez y presentarlo al mundo.

Tras el baño, Bahar acompaña a su clienta hasta la zona de descanso. No para de tocarse la piel. Nunca ha estado tan suave y limpia. Tumbada en el diván es el momento de sentir como la tensión comienza a subir de nuevo. Aun está a salvo bajo la enorme cúpula del hamam. Es el momento de retomar fuerzas para enfrentarse nuevamente a una megalópolis de 16 millones de personas. Al salir, duda un momento. Se detiene junto al mostrador de los souvenirs donde cuelga una camiseta con el rostro de Hürrem. “¿Es esa la sultana?” pregunta. “¡Qué bien vivía!”, suspira, sin imaginar que la delicada dama del retrato era en realidad una hábil estratega que consagró su vida a modelar el futuro de la dinastía Otomana.

Para lograrlo Hürrem tuvo que tejer, desde su llegada al harem, una fina tela de araña cuya primera víctima fue la por entonces favorita del sultán, Mahi Devran. Esta concubina, que había dado a luz al primer hijo del Süleyman, no podía soportar la amenaza que Hürrem representaba para su descendencia. Con poco atino pensó que desfigurándole el rostro perdería el favor de su amo. Devran subestimó la inteligencia de la futura sultana que se presentó con el rostro cuarteado ante Süleyman y le suplicó que la defendiera de las intrigas del harem. Süleyman no solo accedió, sino que decidió convertir a Hürrem en una mujer libre para poder tomarla como su esposa legal. Que un sultán Otomano liberara a una concubina para casarse con ella, cuando se le permitía tener un número ilimitado de esposas esclavas, era casi tan raro como que un rey católico decidiera formar un harem.

Hecha ama y señora, Hürrem posó los ojos en su nueva víctima, el gran confidente del sultán y segundo hombre fuerte del Imperio: el visir Ibraim Paça. Temerosa de su intimidad, se las ingenió para que perdiera el favor del mandatario y que fuera ejecutado sin piedad. Pero sus ansias de poder no estaban todavía satisfechas. Hürrem buscaba para su descendencia el trono de la Sublime Puerta, cuyo heredero era el hijo de Mahi Devran, el príncipe Mustafá. Sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, la sultana hizo correr el rumor de que Mustafá buscaba la caída de su padre. Neurótico y furioso, el sultán ordenó su muerte a cinco de sus guardias, cuyas lenguas habían sido cortadas y sus tímpanos rotos para que nunca contaran lo sucedido.

Hürrem nunca vio a su hijo, Selim II subir al trono, pero 38 años en el harem real le bastaron para sentar un precedente que llevó a las mujeres de la familia Osmanli a tomar cada vez más poder en la escena política hasta la caída del Sultanato en 1922. Como apunta el doctor Erhan Afyoncu “Hurrem fue la consejera más próxima del sultán, de hecho fue una de las personas más influyentes en la política de todo el Imperio Otomano. Se carteaba con reyes europeos y incluso llegó a a acudir a actos públicos con el sultán, algo muy poco frecuente para una mujer” .

Era muy ambiciosa, pero también coqueta, una mujer que supo mantener sus encantos hasta su muerte. También conocemos que su fragancia preferida era “árbol del amor” y su color, el violeta de sus flores. Su aroma es ahora la base de nuestros cosméticos y el violeta es el color de nuestros pestemals ” explica Hifzi Moravali, director de los baños. Los tratamientos del hamam de Hürrem van desde una limpieza a la turca, en la que se incluye un peeling y un baño de espuma, a circuitos más completos con masajes terapéuticos de cuello y cabeza, aroma terapia, dulces otomanos y frutas. Los precios son muy superiores a los de los otros hamam históricos de Estambul sin embargo, el silencio, que no se incluye en la carta de precio, consigue relajar tanto el cuerpo como las manos del un limpiador. Para que la quietud se respete, la visita al hamam requiere una cita previa.

 

Todavía se conservan los tronos gemelos de Hürrem y Suleyman en ambas secciones del los baños. Una cortesía de la dirección ya que nadie sabe, a ciencia cierta, si los gobernantes usaron este hamam. Hürrem falleció en 1558, dos años después de su apertura. Ocho años más tarde le siguió el sultán que, a pesar de descubrir todas sus intrigas, pasó sus últimos días llorándola. La historia es injusta con las mujeres y a Hürrem se le recuerda por sus dotes manipulación y ansias de poder. Pero en una época cruel en las que las mujeres se encerraban en jaulas de oro y se las alimentaba para tener hijos, consiguió ser la dueña de su destino. Fue la compañera fuerte que necesitaba un emperador sanguinario como Süleyman. La única cuyas ambiciones podían opacar a las de un rey.

Fue, como dice uno de los 400 poemas de que el sultán le dedicó en vida “el trono de mi nicho solitario”.

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El primer centro comercial del mundo (EL PAÍS)

Blanca López Arangüena

En enero, Cristiano Ronaldo y su novia, la supermodelo Irina Shayk, llegaron a Estambul. No venían de paseo, ni mucho menos, sino para la inauguración del último centro comercial de la ciudad. El Demirören en la calle Istiklar, la Gran Vía de Estambul, abría sus puestas con una oferta imbatible: una firma del astro merengue por cada 200 liras de compra. Y funcionó, ¡vaya si funcionó! La avalancha de compradores fue tal que Ronaldo no se atrevió a acercarse al establecimiento. El encuentro se saldó con una gran caja para los organizadores y un gran cabreo para los fans. Las ofertas, festivales y actuaciones son una estrategia común en los más de 80 grandes almacenes de Estambul. Pero uno no necesita de trucos: es el Gran Bazar, el primer centro comercial de la historia, que en 2011 ha cumplido la friolera de 550 años.

Lo construyó Mehmet el Conquistador en 1461 y fue, probablemente, una de las primeras zonas francas del mundo, donde los comerciantes podían tratar sin el habitual control aduanero. Todavía mantiene parte de la independencia administrativa de antaño; por ejemplo, casi el 15% de sus 3.600 tiendas no están registradas ni se conoce a sus propietarios. La variedad étnica es otro sello de la casa, heredado de las épocas en que los turcos llegaron a orillas del Danubio. Un 20% de sus vendedores no son turcos musulmanes, sino griegos, judíos o armenios, cuando en la calle tan solo representan el 1% de la población.

Durante los días lluviosos de otoño, la visita al Gran Bazar es obligatoria. La última vez que me acerqué para saludar a mi amigo Ömer Oktay, un vendedor de lámparas, lo encontré regateando ferozmente con una pareja de españoles. Cuando yo daba la venta por perdida, Ömer les espetó: “¿30 liras? ¡Usted es un tacaño! ¿No será catalán?”. Y para mi sorpresa, la cerró. Cuando los compradores se fueron, Ömer me resumió cinco siglos de ventas: “A los españoles os gustan las bromas, para los italianos tienes que conquistar a las mujeres, y con los japoneses no has de preocuparte, siempre compran”.

En su tienda, como en el 90% de los establecimientos que hay en las 64 calles del bazar, se paga en efectivo. Un pequeño capricho en un mundo globalizado. Eso sí, a nadie se le olvida la importancia de los idiomas, que marcan la diferencia entre ser patrón o empleado. Por eso, muchos vendedores se apuntan a los cursos especializados que organizan las escuelas de lenguas, como el Instituto Cervantes. Son importantes sobre todo cuando se cierran negocios de gran envergadura. Y es que el poderío económico del Gran Bazar no reside en sus souvenirs, sino en su oro. Cada día, dos toneladas de este metal cambian de mano bajo sus cúpulas y lo convierten en el principal lugar de compraventa del país.

No es su único récord. Según la revista Travel + Leisure, es, con 15 millones de turistas, la atracción más visitada de Europa. Casi 12 millones más que la españolísima Alhambra y más del doble que la Torre Eiffel, que apenas alcanza los siete millones. Vistos estos datos y la pericia de los vendedores, ¿deberíamos dejar de acudir a las escuelas de negocios y pagarnos un MBA en una tienda de pashminas

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“Solo veo cinco grandes fotógrafos y están muertos”. Café con Ara Güler

Blanca López Arangüena- Estambul (El País)

Ara Güler nos recibe rodeado por sus fotografías. Tiene una mesa en el café que lleva su nombre, propiedad de un amigo de su familia, quien también se han encargado de decorar el local con la obra del maestro. “¿Cuál es la foto que más le gusta de las paredes?”. “¡Todas!”, responde. “¡Porque todas son mías!”. Directo y cortante. Así es Ara Güler en las entrevistas, lo que hace que más de un periodista sude ante la idea de entrevistarle. Cuando se lo decimos ríe. “No, yo no soy así. Lo que pasa es que tengo 86 años y digo lo que me da la gana”. Ordena café y regaña a la entrevistadora por su pobre acento en turco. “Tienes suerte de que sea armenio, nosotros éramos comerciantes en el Impero Otomano, por eso teníamos que hablar muchos idiomas”.

Ara Güler comenzó en el fotoperiodismo hace 63 años. Hijo de un boticario adinerado, de pequeño quería ser director de cine, pero se decantó por el periodismo porque le permitía viajar. Ha sido corresponsal de Oriente Próximo de cabeceras como Times, Paris Match y Der Stern, pero son sus fotos del Estambul de los años sesenta y setenta los que le han dado la fama internacional y su sobrenombre de El Ojo de Estambul. “¡Qué me importa que me llamen el ojo de nada! Yo no soy el ojo de Estambul”, espeta cuando le preguntamos por su apodo. “¿No le gusta que le llamen así?”. “¡No!”, gruñe, “porque soy periodista, no un ojo”.

Sin embargo, su mirada ha captado los momentos más íntimos de un Estambul en blanco y negro. Una ciudad que, como Güler asegura, ya no existe. “El Estambul real es el antiguo. El actual es una copia de América”, asegura mientras mastica un lokum, dulce típico que se sirve con el café turco. “Los turcos no entienden nada. Están copiando los edificios americanos cuando tienen su propia arquitectura, su propia civilización, el Imperio Otomano. Y no lo están usando. En mis fotos no verás un rascacielos”.

Güler fue uno de los primeros fotógrafos en entrar en la agencia Magnum tras entablar amistad con Henri Cartier-Bresson. Una amistad que duró hasta la muerte del francés. Entre los más de dos millones de fotos que asegura tener en su estudio hay retratos de Picasso, Dalí, Orson Welles o Maria Callas. Pero más allá de las celebridades, afirma que es el fotoperiodismo lo que da sentido a su obra. “La fotografía es un tipo de documentación que refleja el tiempo en el que vivimos. Y con el equipo técnico adecuado podemos transmitir esa realidad al siglo que viene. Somos historiadores visuales”.

Por eso se enerva cuando comparan su obra con arte. “El arte es algo que cambia el mundo”. “Mira esta foto”, interrumpe señalando una de sus instantáneas. “Esta foto no es arte, no es ni siquiera buena, y el mundo seguiría siendo igual sin ella. Sin embargo, el mundo no se entendería sin Cézanne, Renoir o Mozart”. Toma otro sorbito de café para serenarse y tras el tiempo de descanso vuelve a la carga. “Solo ha habido cinco fotógrafos buenos, como Cartier-Bresson, o Ansel Adams, todos muertos y ninguno turco”. Y usted, ¿no es bueno?, preguntamos. “Yo sacaba fotos porque tenía una cámara”, asegura con una carcajada.

Entonces una joven se acerca para saludarle. Se dirige a él como ocam, maestro en turco. Güler la mira y él sugiere que se suelte la melena para que le enmarque la cara. Un defecto profesional que se repite a la hora de tomar la foto. Güler posa sin protestar, pero insiste en ver el resultado. “Se ve demasiado la mesa, repítela”.

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