Libertad de prensa

 

Turquía se echa a la calle en protesta por la escueta condena de un crimen político

Blanca López Arangüena- Estambul / 19 enero 2012

De todos es sabido que las relaciones son tirantes entre turcos y armenios, por eso la cita de este jueves fue especialmente emocionante en Estambul. Se cumplía el quinto aniversario del asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink, tiroteado por un pistolero a la puerta de la sede de su publicación. Para conmemorarlo, la juventud turca se echó a la calle al grito de “Todos somos armenios, todos somos Hrant Dink”. La cita reunió a miles de personas que cortaron el tráfico de una de las principales arterias de la ciudad, la avenida de la República, para dirigirse hasta la sede de Agos, la revista bilingüe que Dink fundó y donde cayó muerto a plena luz del día. Las decenas de miles de manifestantes que recorrieron los dos kilómetros que separan la plaza de Taksim, el corazón de la parte europea de Estambul, de la sede de Agos, portaban pancartas con la foto de Dink.

En ellas se pedía justicia para la familia y esclarecer quién estaba detrás del crimen. Una reivindicación que cobraba sentido más que nunca ya que esta semana la judicatura dio a conocer la nueva sentencia por el asesinato del periodista. En ella, se condena a cadena perpetua a Yasin Hayal, uno de los inductores del crimen, y se absuelve a Erhan Tuncel, otro de los sospechosos, aunque tendrá que cumplir 10 años de condena por otro atentado: colocar una bomba en un restaurante en 2004. Se trata, según la sentencia, de los únicos dos culpables. El fallo ha sido la chispa que ha encendido la furia de los turcos. Dink, era un líder de opinión. Sus artículos sobre la relación entre turcos y la comunidad armenia hacían sentirse incómodo a más de uno. Su prosa no era incendiaria, muy al contrario: hablaba de reconciliación. En sus escritos habló abiertamente de la matanza de los armenios en 1915 bajo el Imperio Otomano desde la sensibilidad de un miembro de una comunidad diezmada, pero que también se sentía parte de la sociedad que los condenó. Se sabía amenazado. Pero no paró hasta que un joven ultranacionalista de 17 años llamado Ogün Samast, le silenció con su pistola. En un país con un orgullo nacional a veces desmedido y donde conseguir un arma es casi tan fácil como comprar una lavadora, Samast fue rápidamente capturado e incriminado.

Pero tanto la familia como los compañeros de Dink han defendido siempre que Samast no actuó solo,  y que detrás del arma había responsables políticos y policiales, miembros de lo que se conoce aquí como el llamado Estado profundo, una red extremista de exagentes de los cuerpos de seguridad amparada por parte de el aparato de la Administración. El asesinato de Dink produjo un terremoto político en Turquía. Fue despedido por miles de personas en su funeral en Estambul. Su caso se ha tomado como bandera para luchar contra la impunidad de los crímenes políticos. Durante los días siguientes a su asesinato, se sucedieron las manifestaciones de repulsa. Turquía salió entonces de su letargo. Periodistas, como Nedim Sener —actualmente en prisión y paradójicamente acusado de pertenecer a su vez al propio Estado profundo—, buscaron entonces pruebas que demostrasen que el asesinato fue orquestado en altas esferas de la Administración.

Por eso la sentencia de ha decepcionado a muchos en Turquía. “Lo que el juez nos quiere hacer creer es que fue la actuación de dos o tres personas, cuando hay sobradas pruebas que lo contrario. El caso era una oportunidad para acabar con la tradición de impunidad de los asesinatos políticos en Turquía, pero no hemos sabido aprovecharla. Soy abogada y hoy me avergüenzo de mi profesión”, explicaba en la manifestación Serap Isik, letrada turca que trabaja por los derechos de las minorías. Como las miles de personas reunidas en Estambul, Isik aprovechó la hora del almuerzo para acudir a expresar su ira. Se escucharon gritos contra los magistrados del caso.

También se han escuchado gritos contra el Gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), cuyo programa político se basa, en parte, en luchar contra el Estado profundo. En sus declaraciones, el Ejecutivo ha estado más cerca de los manifestantes que de la judicatura. En este sentido, el viceprimer ministro, Bulent Arinç declaró: “La sentencia no satisface mi conciencia”. El Ministerio de Justicia recordó que el caso aún no ha sido cerrado, al recordar la posibilidad de que se recurra la sentencia.

Sin embargo, muchos manifestantes reunidos sostenían que al Gobierno le falta voluntad política para desmantelar el Estado profundo, y que los actuales juicios a periodistas, intelectuales y militares supuestamente relacionados con esta organización no son más que una excusa para librarse de voces opositoras. Las asociaciones de abogados hablan de una “oportunidad perdida”. Según el comunicado difundido por los letrados de la familia de Dink, “el fallo del tribunal demuestra que la tradición establecida por el Estado de amparar la impunidad de los asesinatos políticos está todavía en pie”.

 

 

La cárcel de la prensa

Turquía arresta a 68 periodistas y abre 4.000 procesos

Blanca López Arangüena- Estambul / 14 marzo 2011

¡No podéis silenciar a la prensa!”. Bajo este grito, 10.000 personas se manifestaron ayer en las calles de Estambul en protestar por la ola de detenciones a periodistas que vive Turquía. Amordazados con cintas negras y rodeados con una cadena en la que colgaban las portadas de las publicaciones cuyos profesionales han sido arrestados, 92 organizaciones periodísticas y fuerzas políticas contrarias al Gobierno corearon consignas durante casi dos horas.

 

De los 68 los comunicadores turcos que se encuentran en prisión por labores relacionadas a su profesión solo siete han sido condenados y el resto están a la espera de juicio, algunos desde hace cuatro años. Para Gülsah Karadag, una de las organizadoras de la marcha, la persecución a los periodistas es un retroceso en la apertura democrática que Turquía parecía vivir en los últimos años. “En el país hay 4.000 investigaciones abiertas a periodistas y 50.000 teléfonos pinchados”, explica. Según Karadag, el Ministerio de Justicia se niega a dar datos de quiénes y por qué motivo tienen los teléfonos intervenidos.

En la calle se comienza a hablar abiertamente de una caza de brujas contra la prensa, especialmente tras la última ola de arrestos que, en apenas dos meses, ha llevado a una docena de profesionales ante el juez. Muchos de ellos han sido acusados de pertenecer a organizaciones terroristas o de colaborar con la trama golpista Ergenekon, una red ultranacionalista cuyo objetivo era sembrar el caos a través de asesinatos y atentados para justificar un golpe de Estado, según cuenta en su blog el periodista Andrés Mourenza.

Entre los últimos arrestados se encuentran dos importantes periodistas, Nedim Sener y Ahmet Sik. Sener declaraba el pasado septiembre en una entrevista a EL PAÍS que esperaba ser detenido tarde o temprano por sus investigaciones. Las indagaciones de Sener sobre la muerte del periodista turco-armenio Hrant Dink -asesinado por un grupo ultranacionalista en 2007- han permitido unir su caso al sumario sobre Ergenekon, como reclamaba la familia de la víctima, según Mourenza.

Por su parte, Ahmet Sik documentaba en su nuevo libro la infiltración en la policía de miembros de la cofradía religiosa dirigida por Fethullah Gülen, una especie de Opus Dei islámico muy próximo al Gobierno de Recep Tayyip Erdogan, asegura Mourenza. “Cualquiera que les toque se quema”, gritó Sik en el momento de ser detenido.

Según el fiscal general de Ergenekon, Zekeriya Öz, los arrestos no están vinculados a sus escritos sino a sus “otras actividades”, que no “pueden ser reveladas”. Pese a que cada vez más periodistas temen ser detenidos bajo pruebas secretas, lo que les impediría cuestionar sus arrestos, el Ejecutivo turco se lava las manos. “Las detenciones no guardan relación con nosotros, son cosa de la judicatura”, dice un portavoz gubernamental.

 

 

Turquía bloquea una red de blogs por ofrecer enlaces para partidos de fútbol

Blanca López Arangüena- Estambul / 3 marzo 2011

¿Si uno usa el teléfono para planear un crimen, deberían cortarse todas las líneas telefónicas?, se preguntaba ayer en Internet Onur Aykutlu, usuario, mejor dicho, ex-usuario de Blogspot, una de las primeras herramientas para publicar blogs. La pregunta iba dirigida al tribunal turco que esta semana ha bloqueado el acceso a todas las bitácoras electrónicas de Blogger.com operada por Google. El motivo: algunas de ellas ofrecían links o retransmitían en directo los partidos de la superliga turca, cuyos derechos pertenecen a la televisión digital de pago, Digiturk.

“Cree mi blog hace cinco años. Yo no he hecho nada para que me lo cierren, ahora no sé cuando podré volver a entrar”, se quejaba Ayse Yaman, uno de los 600.000 blogueros turcos que desde ayer por la tarde tiene cortado el acceso a su página. A sus quejas, se suman las de los cuatro millones de turcos, que según las estimaciones de Google, siguen alguna de estas bitácoras.

La medida también ha provocado las críticas de asociaciones civiles y de grupos de defensa de la libertad de internet. Según aseguró a la prensa el Presidente del Consejo de Internet turco y responsable de aplicar las restricciones, en Turquía todavía no se puede cerrar páginas webs individuales, lo que explicaría porque el tribunal no se limitó a cerrar los blogs que vulneran el copyright. Sin embargo, la Asociación Tecnológica de Internet (INETD) turca difiere con la versión oficial. Según ellos, no existe nada que impida filtrar URLs, identificar subdominios y aplicar un bloqueo selectivo.

En el ciberespacio, las reacciones no se han hecho esperar. Bajo el lema Bloguma Dokunma (No toques mi blog), varias redes sociales informan de todo lo relacionado con la prohibición y hasta enseñan como cambiar los DNS del ordenador o a que proxy acceder para circunnavegar el cierre.

Y es que los 26 millones de internautas turcos están cansados de surfear en una web sin servicios básicos. Hasta 9.125 páginas están actualmente censuradas en Turquía, según el sitio Engelliweb.com. La mayoría por su contenido pornográfico o pedófilo, pero algunas también por su carácter político cercano al grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Para la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa (OSCE), el cierre de páginas webs responde a motivos “arbitrarios”. “Algunas de las razones para bloquear internet son arbitrarias y políticas y, por ello, incompatibles con los compromisos de libertad de expresión”, afirmó en 2010 la organización.

En el caso de Google, Blogger no es la primera de sus web que el gobierno turco bloquea. En 2008, las autoridades cortaron durante dos años el acceso a Youtube por un vídeo en el que se insultaba al fundador de la República, Mustafa Kemal Ataturk. Además, tanto su buscador como Googlemaps, fallan con relativa frecuencia ya que la compañía aloja numerosos contenidos en la misma IP. De momento, la empresa californiana se ha limitado a comentar que su equipo legal “está buscando una solución satisfactoria para las partes”.

 

 Más información sobre liberta de prensa
entrevista con Nedim Sener y Irfan Sanci:  https://bosforonline.wordpress.com/entrevistas-2/
 

 

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Una respuesta a Libertad de prensa

  1. Interesante a la par que indignante. No tenía ni idea. En China, por desgracia, sabemos de eso. Menos mal del bendito VPN…

    Enhorabuena por el blog, por cierto 😉

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