“Me gustaría vestir a todas las mujeres según el islam” Almuerzo con Mustafa Karaduma. (El País)





Mustafa Karaduma bien podría ser el Amancio Ortega turco. Ambos empezaron desde abajo cuando eran muy jóvenes. Ambos crearon su propia firma de ropa en los años setenta y, tras duro trabajo, consiguieron afianzar un imperio textil que traspasa fronteras. Pero existe una gran diferencia entre los dos. Mientras Ortega puede experimentar con cortes y transparencias, la ropa de Karaduma se ciñe a las estrictas normas del islam. Según él. Manga larga, faldas hasta la rodilla y cabello cubierto.

Quedamos en la sede central de su firma, Tekbir, a las afueras de Estambul. Evita dar la mano al saludar, pero ofrece una cálida sonrisa a la recién llegada. En su despacho espera la comida, gentileza del anfitrión. El menú del presidente de Tekbir es el mismo que el de sus 500 empleados. No hay otro para los directivos ni platos especiales en el gran comedor comunal de la empresa y si Karaduma quiere intimidad, ha de almorzar en la mesa de reuniones de su oficina.

“Los trabajadores de Tekbir pueden hacer las tres comidas a cuenta de la empresa”, explica. Karaduma se jacta de cuidar a los suyos como un patriarca a su clan. Es el mayor de ocho hermanos y todos trabajan en la fábrica. También lo hacen los habitantes de Karaali, el pueblo donde nació. “Cuando la empresa empezó a crecer los trajimos a todos, les dimos trabajo. Mi pueblo era extremadamente pobre”, cuenta. ¿Y los trabajadores? Parece que se desviven por un trabajo que aparte de darles dinero, se rige según las normas de Alá.

Karaduma llegó a Estambul con 12 años proveniente de una aldea de 150 personas en el centro de Anatolia. “Mi padre me dio 100 liras turcas (50 euros) que un amigo le había prestado. Me gasté 65 en el billete de autobús y llegué a Estambul con 35 liras”, explica. Enseguida se puso a trabajar en un taller de costura. Desde lo más bajo fue ascendiendo; planchaba, cosía, hacía patrones. Nueve años después abrió su tienda de confección y en 1982, creó Tekbir. Tenía 25 años. El islam, asegura, impregna toda su vida. Su marca, Tekbir, es la traducción en turco de “Alá es grande” y durante el almuerzo, no para de hacer reflexiones morales sobre el islam. Su padre era un imán y su abuelo un mulá (erudito musulmán). Se podría decir que de casta le viene el galgo. “Todo lo que hago es de acuerdo con mis creencias”, asegura.

Pero su fe le ha traído problemas. Los sectores más conservadores de Turquía le acusan de enriquecerse con la religión y usar el nombre de Alá en vano. “El primer enfrentamiento lo tuve en 1992, cuando organizamos el primer desfile de modelos de ropa islámica del país”, rememora. Muchos le acusaron de incitar a las mujeres veladas a lucirse. Se defiende: “Yo pienso igual que ellos, por eso las mujeres en mis desfiles son modelos profesionales. Las mujeres que llevan nuestra ropa no deberían desfilar”, explica. Sin embargo, el escándalo le valió una importante publicidad que le ayudó a dar el salto fuera del país. Ahora posee 95 tiendas en todo el mundo y 2.500 empleados.

Cuando el café llega, nuestro anfitrión confiesa su misión. “Me gustaría vestir a todas las mujeres del mundo según los preceptos islámicos”. Es su especial contribución al islam. El costurero de Alá como le llaman en Turquía, se despide como saludó: sin contacto, pero con una sonrisa.

Tekbir Estambul. Almuerzo

    • Mercemeç Corbasi
    • Saçkaburma
    • Espaguetis
    • Yogurt
    • Fruta
    • Café turco
    • Cortesía del anfitrión
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