Estambul: el legado de tres milenios (National Geographic Viajes)

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Blanca López Arangüena

Cuando el rey Byzas acudió al Oráculo de Delfos para preguntar donde debía fundar su nueva ciudad, el Oráculo le respondió “Frente a la tierra de los ciegos”. Siguiendo esta guía llegó en el año 675 A.C al estrecho del Bósforo donde descubrió un el espléndido estuario del Cuerno de Oro intacto y en la orilla asiática asiático una pequeña colonia de pescadores llamada Calcedonia. La profecía cobraba sentido: Los de Calcedonía “debían estar ciegos” para no fundar su ciudad en el lado europeo. Nacía Bizancio.

 

Poco queda de estos primeros colonos. Hoy la península de Sultanahmet tiene el sabor de sus últimos conquistadores, los turcos, con alguna pincelada griega que los Otomanos supieron adaptar a las exigencias de su credo. No se puede comenzar un recorrido de Estambul en otra parte. En Sultanahmet cada piedra es testimonio de la grandeza de quienes hicieron de esta ciudad el centro del mundo, primero Bizantino y luego musulmán.

 

La familia Osman (otman en arabe, origen del vocablo otomano) de donde descendieron los sultanes, fijó en el Cuerno de Oro su residencia: el cautivador palacio de Topkapi. La morada, con sus opulentos tesoros, sus quioscos de altas cúpulas y sobretodo las fantásticas leyendas del harem, con su eunucos guardianes y su legión de concubinas, cautivó la imaginación europea durante siglos. Fue una de ellas, Roxelana, la que pidió al Sultán Suleyman “el Magnífico” que se trasladara el harem al palacio. Esta cercanía permitió a la odalisca aumentara su influencia sobre la corte y finalmente perfilar el futuro de la dinastía Osmanli al mandar asesinar al primogénito de Sultán.

 

 

Como si hubieran vislumbrado la violencia de las futuras intrigas palaciegas, los sultanes dedicaron el dinero de sus conquistas a la construcción de mezquitas. La más bella de todas, la Mezquita Azul, se encuentra a pocos minutos pie del palacio. Fue construida por el Sultan Ahmet I para apaciguar las iras de Alá tras la derrota de sus ejércitos. Con sus seis minaretes, sus voluptuosas cúpulas y 200 vidrieras venecianas parece una radiante concubinas. El patio central, el más grande del Imperio Otomano, da paso a sus encantos interiores; la madraza y el haram decorado por 20.000 azulejos de Izmik que le aportan la tonalidad azul por la que es conocida.

 

Enfrente está su rival en belleza, Santa Sofía, heredera del esplendor de la Constantinopla de Justiniano. Cuando se construyó, en 537, corrió el rumor por las calles de la ciudad de que un ángel había diseñado los planos. Hoy es un museo, al que algunos islamistas intenta, sin éxito, volver a convertir en Mezquita. Pero Santa Sofía es más que un templo, es el ejemplo de como la belleza puede sobrevivir a la destrucción de las religiones, ya que todos los que pisaron su interior, griegos, musulmanes e incluso vikingos, quisieron que su impronta perviviera en ella. Paseando por sus planta uno puede sentir el murmullo del imán y el canto del psaltis bizantino atrapado bajo una sobrecojedora bóveda de 56 metros.

 

Hasta ella se llega por el hipódromo, una tranquila plaza ajardinada famosa en tiempo de los bizantinos por sus carreras de caballos y que hoy sirve de punto de encuentro para los fieles durante las noches de ramadán. Es un curioso espectáculo que reúne cada noche a miles de personas que esperan con fervor, y el estómago vacío, la llamada al rezo que señala el fin del día – y del ayuno-.

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Es conveniente no dejarse tentar por ninguna de la delicatessen callejeras, como el simit, especie de rosquilla de sésamo, durante el mes santo musulmán. Si se quiere ser respetuoso es mejor decantarse por un lugar cerrado, como Tarihi Sultahnahmet Kóftecisi, una casa de comidas a 100 metros de la Mezquita Azul donde llevan preparando Köfte, albóndigas turcas, desde 1920. Con el estómago lleno hay que decidir en entre una visita la Cisterna Basílica, construida por el Emperador Justiniano para suministrar agua a la ciudad durante los asedios, o tomar el tranvía hasta Çarşıkapı, y con las fuerzas repuestas poner a prueba nuestras habilidades en el arte del regateo en alguna de las más de 3.600 tiendas del Gran Bazar. Bajo sus cúpulas dos toneladas de oro cambian diario de mano, lo que lo convierte en el primer lugar de compraventa del país. Paseando por sus 64 calles se puede encontrar de todo, pashminas, joyas, lámparas de alta calidad, todo a pagar en efectivo, un pequeño capricho del lugar de interés turístico más visitado de Europa, con 15 millones de turistas al año.

 

Caminar por las calles aledañas al Bazar es otra grata experiencia para quien quiera salir del recorrido turístico de Sultanhamet. El zócalo es territorio de los locales y se nota en los precios, la calidad de los productos y en que, a diferencia de los comerciantes del bazar, en el zócalo solo se habla turco. Es conveniente aprender un par de palabras antes de adentrarse en una tienda, pero al hacerlo, se siente todo el sabor de esta tierra de comerciantes: el delicioso ritual del té, el colorido de sus vendedores con sus caras curtidas por el humo del cigarro y de sus clientela, compuesta por mujeres tocadas con pashminas multicolor.

 

La Mezquita Nueva, situada en Eminönü, es nuestra última parada antes de cruzar al otro lado del Cuerno de Oro. Mas pequeña que sus hermanas, no carece de encanto, sobretodo porque la visita esta permitida a los turistas incluso a la hora del rezo. Debidamente vestidos, y con un pañuelo las mujeres, se pude observar desde una esquina todo el ritual. A 100 metros se encuentra en famoso Bazar de las Especies, construido como parte del complejo de la Mezquita Nueva en 1664 y cuyo alquiler, el de sus tiendas, se invierte en la manutención de la misma.

 

El puente de Galata se levanta a pocos metros del Bazar y nos permite el acceso al Estambul más desconocido y moderno: Beyoglu. Cruzar hasta la otra orilla del cuerno de Oro es una experiencia mágica. Hay pocas cosas más evocadoras que atravesar este puente al atardecer, cuando al rezo del muecín se incorporan a las siena de los ferrys, como si fuera una ópera de Verdi. Mientras se pasea entre el alboroto del puente, con sus pescadores a los lados y sus vendedores ambulantes, se siente la quietud del cielo rojizo, las cúpulas de las mezquitas tiznadas de oro atrás y al frente, la imponente torre Galata con su séquito perpetuo de gaviotas.

 

Hasta ahí nos dirigimos. La torre de Galata, construida por los Genoveses en 1348 ha sido el centinela perpetuo del barrio de Beyoglu, conocido en el S.XIX como Pera. En ese época Beyoglu era el barrio de las embajadas, comerciantes armenios y griegos, con un sabor más europeo que oriental. Entre sus empedradas calles se hablaban más de 40 idiomas y era el lugar donde recalaba la nobleza Europea que llegaba a Constantinopla a lomos del Orient Express. Tenía electricidad, teléfonos y uno de los primeros tranvías eléctricos del mundo, Tünel que todavía funciona. Todo esto cambió tras la declaración de la República en 1923. Las embajadas se trasladaron a Ankara, los pogromos de los años 50 acabaron con la multiculturalidad del barrio que poco a poco se fue sumiendo en la decadencia. Por suerte, en los años 90 hubo un renacimiento y ahora vuelve a estar en ebullición, con tiendas, cafés, terrazas y discotecas que abren todos los días de la semana hasta altas horas de la noche.

 

La mejor forma de recorrer este barrio es a pie. Un paseo por Istiklal, la Gran Via estambulita que cada día recorren cerca de millón de personas, despierta al viajero de la nostálgica otomana de Sultanahmet y lo lanza en la nueva realidad que vive la ciudad: Capital europea del deporte en 2012, quinta ciudad en cuanto a organización de conferencias de envergadura mundial, con más de 15 millones de habitantes, 5170 cuadrados de extensión – casi nueve veces el tamaño de Madrid- es una de las metrópolis más efervescentes del planeta. Y Beyoglu es su corazón. Refugio de bohemios y artistas está llena de pequeños cafés, restaurante de fusión, lujosos anticuarios y galerías de arte. Image

 

Es muy recomendable tomarse un día para recorrer sus museos, disfrutar de un coctel con vistas al cuerno de Oro en la terraza del restaurante “360” para finalizar con una cenar en alguno de los modernos cafés de la Hayriye Caddesi o si se prefiere, la típica degustación de pescado y raki en los meyhanes (tabernas turcas) de la famosa calle de Balik Pazari.

 

Estambul es una ciudad acuática y ninguna visita puede acabarse sin un crucero por sus aguas. Volviendo a los pies del puente Gálata, tomamos un ferry para adentrarnos en el Bósforo. El turista tiene multitud de opciones: un viaje en barco privado por 200 euros la hora, el típico tour de dos horas hasta la mitad del Estrecho por 10 euros o incluso, la posibilidad de sentirse local y tomar el ferry que cada mañana transporta a cientos de estambulitas desde Asia hasta Europa. Vale la pena pasar una mañana en Kadikoy, en la esquina asiática. Donde los Calcedonios se asentaron es ahora un animado barrio con restaurantes de pescado y comida otomana donde relajarse un par de horas.

 

En el ferry de vuelta a Europa pasamos delante de la coqueta Torre de Leandro. Cuenta la leyenda que en ella vivía una princesa que cada noche esperaba con una vela encendida la visita de su amado, Leandro. Una noche de tormenta la vela se apagó y Leandro, desorientado, se ahogó en las aguas del Bósforo mientras intentaba llegar hasta su princesa. Hoy el enclave es un restaurante bastante mediocre que sobrevive por el encanto de la leyenda.

Pero las aguas de esta ciudad no siempre guardan historias tristes. Algunas hablan de amores homosexuales, búsqueda de esposas, ceremonias de iniciación escondidas bajo los vapores de un hamam. El baño turco es esencial para despedirse de la ciudad. El de Çemberlitas, cerca del Gran Bazar, es ideal si se va a partir de las ocho de la noche. Con poca gente, las mujeres se entregan a los mimos de las limpiadoras mientras los hombres se preparan para las rudas manos de los tellak. Estambul se desvanece mientras el agua resbala suavemente por la piel brillante. La tensión baja, y en la memoria flotan las las imágenes del valeroso Leandro, el Gran Suleyman, la astuta Roxelana y el visionario Byzas. Las cúpulas, como un vientre abultado nos hacen sentir nuevamente un niño y nos preguntamos si Estambul no habrá sido un sueño.

 

 

 

 

 

 

 

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GRAN BAZAR

Fue probablemente una de las la primera zona franca del planeta donde los comerciantes podían tratar sin el habitual control aduanero. Parte de su independencia administrativa se mantiene hoy día, por ejemplo 15 % de sus 3600 tiendas no están registradas ni se conoce a sus propietario. La variedad étnica es otra marca de la casa. Casi un 20 % de sus vendedores son griegos, armenios o judíos, como en aquel Estambul que describió el novelista francés Pierre Loti.

 

 

GASTRONOMÍA

 

Comer en Estambul es algo más que saborear la deliciosa cocina. Es sumirse en un mar de tradiciones e historias: El café, traído de Yemen durante el Imperio Otomano se usa hoy en dia para leer el avenir. El loukum o dulce turco nació de los fogones del palacio de Topkapi para satisfacer la gula de las concubinas del harem. El raki, licor anisado de 45 grados y considerado bebida nacional fue el talón de Aquiles del fundador de la República, Ataturk, que murió a los 57 años de cirrosis. Y por último el kebab y sus cientos de variantes siempre acompañado de un airan, leche de cabra con sal, bien fría.

Para quien quiera saber más sobre esta faceta de Turquía la página web http://istanbuleats.com/walks-2/ ofrece paseos culinarios por le ciudad. Muy recomendables

 

 

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Capadocia: Volar sobre la luna (National Geographic, Viajes)

Blanca López Arangüena – Septiembre 2012

Cuenta una leyenda que hace miles de años hombres y hadas convivían en armonía en el corazón de Anatolia. Pero un día, una de ellas se enamoró de un ser humano. Enfadada, la reina de las hadas convirtió a todas las de su especie en palomas y las confinó en piedras cuneiformes que con tiempo se conocerían como “chimeneas de hadas”. A los hombres, les condenó a cuidar de ellas por los siglos de los siglos. Así que los habitantes de Capadocia crearon poblados cerca de los palomares de roca para vigilar a las aves como la reina había ordenado. Fue el libro de un misionero francés el que dio a conocer la Capadocia al mundo y rompió la maldición del hada. El turismo transformó a los habitantes de agricultores a prósperos artesanos y hosteleros y nunca más tuvieron que preocuparse de las aves. Aún así, en pueblos como Göreme, sus mayores rememoran lo difícil que era encontrar esposa si no se poseía un palomar.

Hasta este pueblo tranquilo en el corazón de la Capadocia nos desplazamos desde el aeropuerto de Nevsheir. La capital de la región es una fea ciudad de provincia con pocos atractivos salvo su castillo, que siglos atrás tenía el poder de cautivar al viajero de tal forma que no abandonaba la ciudad en siete años. Ahora solo vale la pena permanecer el tiempo que toma el trayecto del aeropuerto a la estación de autobuses. Tan solo poner un pie fuera de Nevisheir el viajero sentirá la magia de una región que nació de las entrañas de cinco volcanes.

Hace diez millones de años la lava cubría la Capadocia. Al enfriarse el suelo de lava y tufa sufrió durante siglos la fuerza de los elementos: el frío glacial del invierno, las lluvias torrenciales de la primavera y los sofocos del estío, creando un paisaje de chimeneas tocadas con boinas donde el ingenio humano talló iglesias, necrópolis y ciudades subterráneas

No hay un lugar donde se aprecie mejor la utopía de este paisaje que en Göreme. El antiguo pueblo de campesinos, donde los hombres necesitaban las palomas-hadas para casarse, es ahora el centro turístico de la región. Las casas esculpidas en las chimeneas de hadas se han convertido en hoteles donde el turista puede experimentar la extraña serenidad de descansar arropado por la arena. A pesar de que el turismo ha cambiado la vida de los habitantes, todavía se respira la antigua hospitalidad de sus mujeres, que ofrecen artesanías y pekmez – zumo concentrado de uva- en las puertas de sus casas-cueva y la magia de un pausado atardecer, cuando el cielo y las rocas adquieren tonalidades rojizas y los hombres vuelven del campo a lomo de sus caballos.

Fueron estos animales los que le dieron el nombre a la región. Capadocia significa “ la tierra de los caballos bellos” y como tales se les representaba en los frisos de Persépolis (Irán) cuando el Imperio Persa controlaban la región. Hoy se puede subir a lomos de un equino para recorrer los numerosos valles que parten de Göreme. Los pies, si se prefiere, son también un buen vehículo para visitar las ventosas calles del pueblo, con sus azoteas recubiertas de parrales, para luego adentrarse en el valle de las iglesias troglodíticas en el Museo al Aire Libre de Göreme.

Patrimonio Histórico de la humanidad sus iglesias cautivan tanto por lo inesperado de su interior como por la sencillez de sus hombres: la iglesia de la Manzana en honor a un manzano que crecía cerca, la de la Serpiente, por sus pinturas del Dragón de San Jorge, uno de los Santos oriundo de la Capadocia o la Iglesia Oscura. Esta última debe su nombre a que carecía de ventanas. La falta de luz se convirtió en un aliado que conservó el colorido de sus frescos y les protegió de la intolerancia de los iconoclastas musulmanes queintentaron ocultar bajo una capa de pintura los frescos de las más de 600 iglesias de la región

Antes de decir adiós a Göreme es indispensable acercarse a alguno de los muchos restaurantes para tomar una ración de mezzeres e hincarle el diente a un Çömlek kebab, carne picada cocinada dentro de una vasija de barro en un horno de piedra. Para postre, un vino dulce de la región o un té aromático de manzana.

Con las fuerzas repuestas, la segunda parada están en Uçhisar. Situado a cinco kilómetros de Göreme, se llega a través del valle de las palomas y las colinas de arenisca. Uçhisar es conocida como la villa francesa desde que el Club Med se fijó en ella a mediados de los años 60. Más tranquila que Göreme, destaca su castillo escarbado en la roca desde donde se aprecian una de las mejores puestas de sol de la Capadocia con las nieves perpetuas del volcán Erciyes como telón de fondo. Unas vistas solo comparables a las que se tiene en uno de los globos que cada mañana surcan los cielos de meseta. Es sin duda una de las experiencias más alucinantes del viaje, como volar sobre la piel de la luna. Desde Göreme y Uçhisar las empresas locales organizan salidas diarias al alba, cuando el sol todavía no calienta, por lo que hay que ir abrigado incluso en verano.

Y de los cielos al fondo de la tierra, a la ciudad subterránea de Derinkuyu a 40 kilómetros de Uçhisar. Se puede llegar en dolmus – pequeños autobuses amarillos- o bien alquilar un coche o una moto para los más aventureros. La ciudad subterránea de Derinkuyu (Pozo Profundo), de 11 plantas con capacidad para 4.000 personas, es una de las sorpresas más fascinantes de la región. Cocinas, habitaciones, establos, un templo, una escuela y hasta una necrópolis se pueden visitar si no se padece de claustrofobia. Sus habitantes llegaban a esconderse largas temporadas en el subsuelo, para protegerse del frío o de los invasores, ordenados en una jerarquía social que descendía a medida que las habitaciones se alejaban de la superficie

La Capadocia conserva los vestigios de todas las civilizaciones que la habitaron: hititas, persas, frigios y lidio, romanos y selyúcidas, armenios y griegos. Estos últimos habitaron el refinado pueblo de Ürgüp, hasta que en 1923 fueron intercambiados – al igual que los del resto del país- por los turcos de Grecia. Una tamaña obra de ingeniería racial avalada por a Sociedad de Naciones y por la que su ideólogo, Fridtjof Nansen, obtuvo el Nobel de la Paz. Ahora cada año descendientes de unos y otros se reúnen en verano e incluso se intercambian las casas para visitar las tierras de sus antepasados.

Ürgüp, a siete kilómetros de Göreme, se aferra a las paredes de un valle y sus casas caen en cascadas hasta el centro del mismo. Son hermosas moradas transformadas en hoteles estilo boutique con patios donde degustar la deliciosa uva Emir que germina en los suelos volcánicos de la Capadocia. En el valle en el que florece esta uva jugosa se levanta un ejército de gigantes de piedra. Son las famosas “chimeneas de hadas” que se alimentan del mismo suelo que producen los vinos de la región. El valle de Devrent, (Valle de la Imaginación) posé la mayor densidad de conos volcánicos de la Capadocia. Observar sus contornos es como adivinar las formas de las nubes: Ahora una foca, ahora un delfín, más adelante dos pájaros besándose, la virgen María y un camello. Hasta el gorro de Napoleón quiso estar en Devrent.

Volviendo a Ügrüp tomamos un desvío para llegar al final de nuestro viaje: Zelve, una ciudad troglodita abandonada y uno de los centros de cristianos de la región entre los siglos IX y XII. No tiene la cantidad de iglesias de Göreme y tampoco sus pinturas. Pero los vigorosos muros de sus valles y la tonalidad rojiza de su piedra dan al paisaje un aire marciano. Se puede ascender hasta las celdas de algunos monjes decoradas con cruces griegas e imaginar como serían aquellos anacoretas que vivían a 15 metros del suelo, en la cúspide de la chimenea, para que nada perturbara su meditación.

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Inside Outside 30 January 2012 with Blanca Lopez Arangüena (El País)

Un link que he rescatado en el que me entrevistan en Estambul sobre las relaciones bilaterales hispano- turcas.

Es en inglés, pero, para aquel que le interese la actualidad turca le sugiero que siga este programa en Açik Radio (Radio Abierta)

Link  para entrevista:

http://www.guzeldere.eu/index.php/radio/71-inside-outside-30-ocak-2012-l

Link para programa de Radio:

http://www.guzeldere.eu/index.php/radio

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Turquía, encrucijada energética (El País Negocios)

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Blanca López Arangüena- Estambul

Diez años después de su concepción, el proyecto Nabucco parece finalmente haber tomado fuerza. A finales de junio, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo azerbaiyano, Ilham Aliyev, firmaron un acuerdo para continuar con el gasoducto Nabucco, de 3.300 kilómetros y que pretende suministrar a Europa 31.000 millones de metros cúbicos del gas del mar Caspio para 2018.

Nabucco es un gasoducto ideado por la Unión Europea con el fin de reducir su dependencia energética de Rusia. En él Turquía es una pieza fundamental: por su territorio discurre una parte importante de la tubería —2.000 kilómetros— y, además, su posición geográfica y sus relaciones históricas con los países que controlan los campos gasísticos de Asia Central lo convierten en el intermediario perfecto para la UE. A cambio, el Gobierno de Ankara espera un mayor apoyo para su candidatura a la entrada en el Club de los Veintisiete, además de almacenar y exportar gas natural a terceros países.

El gasoducto, que se empezará a construir en 2013, según aseguraron los mandatarios en Estambul, comenzará su trazado en la ciudad turca de Erzurum, para llegar a Austria en 2018. Cuenta con la participación de la compañía estatal turca Botas, la búlgara BEH, la alemana RWE, la rumana Transgaz, la austriaca OMV y la húngara FGSZ.

Sin embargo, el proyecto que se ideó en 2002 no ha estado exento de trabas. La primera, y más importante, asegurarse las fuentes de suministro. Cuando el proyecto se presentó, hace 10 años, se contemplaron como potenciales abastecedores Irán, Turkmenistán, Egipto y, principalmente, Azerbaiyán. Este último país se comprometió hace dos meses en Estambul a abastecer con 16.000 millones de metros cúbicos de gas para 2018 de los campos de Shah Deniz II. “El primer gas empezará a transportase en 2018 y esperamos aumentar el suministro hasta 31.000 millones de metros cúbicos para 2026”, aseguró el primer ministro turco. Ello evitaría tener que importar gas de países como Irán, con tensas relaciones con Ankara, o Turkmenistán, a lo que Rusia se opone por motivos políticos y económicos ligados al estatus jurídico del mar Caspio. “Mi hermano”, dijo refiriéndose al mandatario azerbaiyano, “me ha dicho que no habrá ningún problema en alcanzar los 50.000 millones \[de metros cúbicos\]”, prometió Erdogan a pesar de no concretar la fecha.

De ser ciertas estas previsiones, Bakú, capital de Azerbaiyán, se convertiría en el principal y posiblemente único suministrador del proyecto. Pero, según el informe del analista del IEEE Francisco J. Ruiz González —Geopolíticas del gas: novedades en el Corredor Sur de suministro de la UE—, el proyecto Nabucco todavía se enfrenta con otras trabas como “su elevado coste y su dependencia de las ayudas europeas”, además de la competencia directa de otros proyectos destinados a mejorar las relaciones energéticas en la región.

Entre ellos cabe destacar el South Stream, una iniciativa de Gazprom para llevar gas ruso a través del mar Negro y que demuestra que el problema de la dependencia total de algunos países europeos del gas ruso no reside en el hecho de tener un único suministrador, sino en el poder que poseen los países de tránsito como Ucrania, cuya actitud desencadenó la llamada Guerra del Gas entre 2006 y 2009. El South Stream partiría de Novorossyisk y alcanzaría Bulgaria a través del mar Negro. A partir de ahí, un ramal atravesaría Serbia, Hungría y Eslovenia, y otro, Grecia e Italia a través del mar Adriático. Sin embargo, su complejidad técnica —tramo submarino— y el hecho de que mantendría el monopolio energético de Rusia lo descalifican, en principio, como la opción más adecuada.

Otra de las opciones que se barajan es el gasoducto transanatólico (Tanap), que transcurriría desde la frontera entre Georgia y Turquía hasta Bulgaria, donde se empalmaría con el trazado de Nabucco hacia Centroeuropa. Las ventajas de este trazado sobre el Nabucco son su bajo coste (6.000 millones de euros, de los cuales el 80% lo suministraría Azerbaiyán, y el resto, Turquía, frente a los 8.000 o 10.000 del Nabucco según el analista Ruiz González), así como una capacidad similar a la de Nabucco.

Además, el gasoducto Nabucco arrastra consigo ciertas condiciones que Turquía pretende imponer. Ankara espera recibir el 60% de los impuestos del tránsito, que ascendería a unos 450 millones de euros al año. Además, exige mantener para su propio uso o exportación el 6% del gas en tránsito, lo que supone un escollo “inaceptable” sobre todo para la UE, como apunta Ruiz González, al estar previsto que “el Banco Europeo de Inversión aporte un 25% de los 8.000 millones de euros de presupuesto, mientras que la propia Comisión Europea lo financiaría con 250 millones”.

Según este analista, la versión más viable de este ajedrez gasístico es la combinación de ambos proyectos. “Una combinación del Tanap con un Nabucco occidental (desde la frontera turco-búlgara hasta Austria) probablemente sea la solución”, asegura Ruiz González. Una predicción en la línea con los deseos turco-azerbaiyanos, según declaró el primer ministro de Azerbaiyán en Estambul. “No es posible imaginar un corredor energético sin Turquía y Azerbaiyán. Tanap es un proyecto que pertenece a estos dos países en exclusiva que están comprometidos a estrechar la cooperación en este campo”, dijo Ilham Aliyev. La firma de Estambul, realizada en un ambiente casi familiar, parece apuntalar por fin un ambicioso proyecto que un mes antes parecía abocado al fracaso.

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Turquía, encrucijada energética (El País Negocios)

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Blanca López Arangüena- Estambul

Diez años después de su concepción, el proyecto Nabucco parece finalmente haber tomado fuerza. A finales de junio, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo azerbaiyano, Ilham Aliyev, firmaron un acuerdo para continuar con el gasoducto Nabucco, de 3.300 kilómetros y que pretende suministrar a Europa 31.000 millones de metros cúbicos del gas del mar Caspio para 2018.

Nabucco es un gasoducto ideado por la Unión Europea con el fin de reducir su dependencia energética de Rusia. En él Turquía es una pieza fundamental: por su territorio discurre una parte importante de la tubería —2.000 kilómetros— y, además, su posición geográfica y sus relaciones históricas con los países que controlan los campos gasísticos de Asia Central lo convierten en el intermediario perfecto para la UE. A cambio, el Gobierno de Ankara espera un mayor apoyo para su candidatura a la entrada en el Club de los Veintisiete, además de almacenar y exportar gas natural a terceros países.

El gasoducto, que se empezará a construir en 2013, según aseguraron los mandatarios en Estambul, comenzará su trazado en la ciudad turca de Erzurum, para llegar a Austria en 2018. Cuenta con la participación de la compañía estatal turca Botas, la búlgara BEH, la alemana RWE, la rumana Transgaz, la austriaca OMV y la húngara FGSZ.

Sin embargo, el proyecto que se ideó en 2002 no ha estado exento de trabas. La primera, y más importante, asegurarse las fuentes de suministro. Cuando el proyecto se presentó, hace 10 años, se contemplaron como potenciales abastecedores Irán, Turkmenistán, Egipto y, principalmente, Azerbaiyán. Este último país se comprometió hace dos meses en Estambul a abastecer con 16.000 millones de metros cúbicos de gas para 2018 de los campos de Shah Deniz II. “El primer gas empezará a transportase en 2018 y esperamos aumentar el suministro hasta 31.000 millones de metros cúbicos para 2026”, aseguró el primer ministro turco. Ello evitaría tener que importar gas de países como Irán, con tensas relaciones con Ankara, o Turkmenistán, a lo que Rusia se opone por motivos políticos y económicos ligados al estatus jurídico del mar Caspio. “Mi hermano”, dijo refiriéndose al mandatario azerbaiyano, “me ha dicho que no habrá ningún problema en alcanzar los 50.000 millones \[de metros cúbicos\]”, prometió Erdogan a pesar de no concretar la fecha.

De ser ciertas estas previsiones, Bakú, capital de Azerbaiyán, se convertiría en el principal y posiblemente único suministrador del proyecto. Pero, según el informe del analista del IEEE Francisco J. Ruiz González —Geopolíticas del gas: novedades en el Corredor Sur de suministro de la UE—, el proyecto Nabucco todavía se enfrenta con otras trabas como “su elevado coste y su dependencia de las ayudas europeas”, además de la competencia directa de otros proyectos destinados a mejorar las relaciones energéticas en la región.

Entre ellos cabe destacar el South Stream, una iniciativa de Gazprom para llevar gas ruso a través del mar Negro y que demuestra que el problema de la dependencia total de algunos países europeos del gas ruso no reside en el hecho de tener un único suministrador, sino en el poder que poseen los países de tránsito como Ucrania, cuya actitud desencadenó la llamada Guerra del Gas entre 2006 y 2009. El South Stream partiría de Novorossyisk y alcanzaría Bulgaria a través del mar Negro. A partir de ahí, un ramal atravesaría Serbia, Hungría y Eslovenia, y otro, Grecia e Italia a través del mar Adriático. Sin embargo, su complejidad técnica —tramo submarino— y el hecho de que mantendría el monopolio energético de Rusia lo descalifican, en principio, como la opción más adecuada.

Otra de las opciones que se barajan es el gasoducto transanatólico (Tanap), que transcurriría desde la frontera entre Georgia y Turquía hasta Bulgaria, donde se empalmaría con el trazado de Nabucco hacia Centroeuropa. Las ventajas de este trazado sobre el Nabucco son su bajo coste (6.000 millones de euros, de los cuales el 80% lo suministraría Azerbaiyán, y el resto, Turquía, frente a los 8.000 o 10.000 del Nabucco según el analista Ruiz González), así como una capacidad similar a la de Nabucco.

Además, el gasoducto Nabucco arrastra consigo ciertas condiciones que Turquía pretende imponer. Ankara espera recibir el 60% de los impuestos del tránsito, que ascendería a unos 450 millones de euros al año. Además, exige mantener para su propio uso o exportación el 6% del gas en tránsito, lo que supone un escollo “inaceptable” sobre todo para la UE, como apunta Ruiz González, al estar previsto que “el Banco Europeo de Inversión aporte un 25% de los 8.000 millones de euros de presupuesto, mientras que la propia Comisión Europea lo financiaría con 250 millones”.

Según este analista, la versión más viable de este ajedrez gasístico es la combinación de ambos proyectos. “Una combinación del Tanap con un Nabucco occidental (desde la frontera turco-búlgara hasta Austria) probablemente sea la solución”, asegura Ruiz González. Una predicción en la línea con los deseos turco-azerbaiyanos, según declaró el primer ministro de Azerbaiyán en Estambul. “No es posible imaginar un corredor energético sin Turquía y Azerbaiyán. Tanap es un proyecto que pertenece a estos dos países en exclusiva que están comprometidos a estrechar la cooperación en este campo”, dijo Ilham Aliyev. La firma de Estambul, realizada en un ambiente casi familiar, parece apuntalar por fin un ambicioso proyecto que un mes antes parecía abocado al fracaso.

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Ankara se prepara para una respuesta contundente, que anunciará el martes en el Parlamento ( El País)

 

Blanca López Arangüena- Estambul

El Gobierno turco ha anunciado que el martes en el Parlamento dará a conocer las medidas que tomará en relación al derribo de unos de sus aviones por parte del Ejército sirio el pasado viernes. Así lo ha comunicado este domingo el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, tras una entrevista en la televisión turca TRT. En ella Davutoglu asegura que el jet turco fue derribado en aguas internacionales y no dentro del espacio aéreo sirio como afirmó el viernes su Ejército. “Derribaron el jet en el espacio aéreo internacional a 13 millas de distancia del espacio aéreo sirio”, ha dicho el ministro.

Estas conclusiones, hechas públicas 48 horas después del incidente, aumentan la gravedad de la crisis y borran la posibilidad de que se trata de un “error” como clama el país vecino. Davutoglu ha sido muy firme en este punto y ha afirmado que no hubo ningún tipo de advertencia por parte de las autoridades sirias antes de disparar. Ha dicho que el avión estaba probando un sistema de radar turco, lo que explica el hecho que volara bajo y entró en el espacio aéreo sirio 15 minutos antes del impacto. Cuando las autoridades turcas se dieron cuenta de que el avión había entrado territorio sirio, se avisó a los pilotos de que salieran de él. Ya fuera, a los pocos minutos, el avión fue derribado asegura la prensa turca. Durante ese tiempo “las autoridades sirias no intentaron contactar en ningún momento a las turcas” mantiene Davutoglu, quien afirma que “describir un avión turco como una amenaza es una actitud de aficionados o lo han hecho con mala intención”.

Pocas horas después de su declaración, el ministro, a través de su cuenta de Twitter y en tono más amenazador, ha advertido que “ nadie debería probar la capacidad de Turquía”. En otro mensaje ha informado de que Turquía, como miembro de la OTAN, ha invocado el artículo 4 de la Carta según el que cualquiera de los miembros puede pedir consultas a los otros países si ve en peligro su integridad territorial, su independencia o su seguridad. “Turquía nunca ha actuado por su cuenta en relación con Sira”, ha explicado el político.

Esta será al última de la consultas antes de que que el Gobierno comunique su decisión final. De momento Ankara ha sido muy precavida y ha evitado dar pasos en falso. Turquía, con el segundo Ejército más grande de la OTAN, y entrenado después de casi 30 años de lucha contra la guerrilla kurda (PKK), podría inclinar la balanza en el conflicto sirio. Pero, como ha dicho en numerosas ocasiones, no actuará sin el respaldo de Naciones Unidas.

De ahí el frenesí diplomático que desde el viernes vive la capital turca donde se han realizado por lo menos cuatro reuniones políticas al más alto nivel. Unos cónclaves desde los que, a medida que pasan las horas, salen declaraciones más incendiarias. Un ejemplo son las de Kemal Kiliçdaroglu, líder del principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), que a a las pocas horas de desatarse la crisis abogaba por la calma. Hoy, tras reunirse con el Primer Ministro Turco, Recep Tayyip Erdogan, el Jefe Adjunto del Estado Mayor, y el propio ministro de Exteriores, hacía estas declaraciones: “ Es obvio que el avión fue deliberadamente derribado por Siria. Este ataque fue llevado a cabo como represalia al gobierno turco encabezado por Recep Tayyip Erdogan, y su política con Siria. El incidente no puede ser olvidado ni borrado. Nadie ha de poner a prueba a Turquía”.

Kiliçdaroglu fue el primero de los líderes convocado por Erdogan. Luego le siguieron el resto de las fuerzas políticas. Hoy se reunirán los ministros y mañana, ante su grupo en el Parlamento, Erdogan hará pública su decisión. Mientras, Ankara ya ha enviado una nota diplomática a Siria en la que pide que se encuentre a los responsables. “Condenamos el ataque a nuestro avión. Pedimos que se identifique a los autores de los hechos y que se nos informe inmediatamente. Turquía se reserva el derecho a una disculpa formal y una compensación” se podía leer en la nota según informa el diario turco Hurriyet.

El portavoz del Ministerio de Exteriores sirio, Jihad Makdissi, declaró este sábado en una entrevista al canal turco A Haber que no se trató de “un ataque”. “Un objeto no identificado entró en nuestro espacio aéreo y desafortunadamente fue derribado. No fue un acto hostil contra Turquía, sino un acto de defensa de nuestra soberanía” aseguró Makdissi. El mismo día, desde Irán, su ministro de Exteriores, Ali Akbar Salehi, pidió a Turquía que actuara de forma contenida para “mantener la estabilidad de la región” según se puede leer en la página web del Ministerio.

A la espera del desenlace prosigue la búsqueda de los dos pilotos y del aparato. Los restos del artefacto se encuentran a 1.300 metros de profundidad en el lecho marino sirio, según un portavoz del Ministerio de Exteriores turco, mientras que todavía no se sabe nada de los ocupantes. Pero el tono de la búsqueda ya no es tan amistoso como el viernes, cuando se hablaba de una colaboración en las labores. El ministerio de Exteriores turco ha sido categórico en esto: “no se trata de una búsqueda conjunta”.

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Turquía asegura que su avión fue derribado en aguas internacionales (El País)

                                            Ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, esta mañana durante la entrevista en TRT

 

Blanca López Arangüena- Estambul

El ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, ha anunciado que el avión turco derribado por Siria el viernes fue abatido en el espacio aéreo internacional durante una misión de reconocimiento. “Derribaron el jetturco en el espacio aéreo internacional a 13 millas de distancia del espacio aéreo sirio”, ha dicho Davutoglu esta mañana en una entrevista a la televisión turca TRT. Además, la OTAN celebra el martes una reunión de los embajadores de la OTAN para analizar el incidente a petición de Turquía, informa Reuters.

El ministro ha añadido que el avión estaba probando un sistema de radar turco, hecho que explica que el avión volara bajo. Tambien ha admitido que el avión pudo haber violado el espacio aéreo sirio, pero “pero no en el momento en el que fue derribado”.

Davutoglu asegura que no hubo ningún tipo de advertencia por parte de las autoridades sirias que dispararon. Criticó que durante la operación “las autoridades sirias no intentaron contactar en ningún momento a las turcas”. En referencia al comunicado hecho público el viernes por el ejercito sirio -“Nuestras defensas aéreas hicieron frente a un objetivo que penetro en nuestro espacio aéreo sobre nuestras aguas territoriales a primera hora de la tarde del viernes, y lo derribaron. Resultó ser una avión turco”, decía la declaración-. Davutoglu ha dicho que “describir un avión turco como una amenaza es una actitud de amateurs o lo han hecho con mala intención”.

La dimensión de la crisis alcanza también a la reunión de ministros de Exteriores del lunes en Luxemburgo, donde se abordará la cuestión. El de Reino Unido, William Hague, ha calificado el acto de “indignante” en un comunicado, y que “pone de manifiesto cuán lejos e inaceptable ha llegado a ser el comportamiento del régimen sirio”, informa Efe.

Estas han sido las conclusiones a las que se llegó ayer en la reunión que mantuvo el ministro de Exteriores durante una hora y cuarto con la plana Mayor del Ejército. Ahora los turcos esperan que hable el primer ministro, Reccep Tayyip Erdogan, que hoy se reúne con los líderes de los principales partidos políticos de la oposición. Mañana tiene prevista otra reunión, esta vez con sus ministros. Después de ellas, según ha anunciado Davutoglu, “daremos, sin ninguna tipo de duda, lo pasos necesarios” en lo concerniente a esta crisis

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